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Orishas: Verger y el Candomblé

61915En el Opô Aganju, Lauro de Freitas, Brasil, 1986 - Foto Lázaro Torre"El Candomblé es muy interesante para mí por ser una religión que exalta la personalidad de la gente. Donde las personas pueden ser como realmente son y no lo que la sociedad quiere que el ciudadano sea. Para las personas que tienen algo que expresar a través del inconsciente, el trance es la posibilidad del inconsciente de mostrarse".En su contacto con el candomblé -como quien frecuenta, como amigo y como un iniciado- Verger fue cuidadoso y paciente. Ganó el afecto, la protección, el conocimiento y, para honrar la confianza depositada en él, pasó el resto de su vida coleccionando los cuentos, las liturgias y los procedimientos en sus libros y fotografías, que se convierten en una valiosa fuente de información para los aficionados, investigadores y curiosos.

"Sólo en 1948, dos años después de mi llegada a Bahía y de un largo viaje a Recife, Guayana Holandesa y Haití, empecé a darme cuenta de la importancia del Candomblé y el papel que desempeña al dar dignidad a la mayoría de los habitantes de ese lugar, descendientes de africanos". Fue también en 1948 cuando fue por primera vez al terrero Ilê Axé Opô Afonjá, justo antes de viajar a áfrica, donde tuvo una beca para fotografiar los rituales religiosos. Mãe Senhora se ofreció a consagrarle su cabeza a Xangô. Fue entonces que empezó la larga amistad de Verger con el pueblo del Candomblé.

En África, estuvo con los descendientes de los antiguos soberanos de los que se originaron los mitos; conoció los lugares sagrados, asistió y participó en rituales. Cuando estaba en Bahía, continuaba su aprendizaje: "Lo interesante es que usted conviva, haga las mismas cosas y participe sin tener la intención de entender. Participando, la cosa se convierte en algo completamente diferente. Fue lo que me ocurrió a mí aquí.  Yo convivía en el terreiro de Opô Afonjá, hacía las mismas cosas que las personas del Terreiro, sin saber por qué, ni cómo. Vivía en comunidad,  participando de las preocupaciones, de las creencias".
Com Obarayin, Opô Aganju, Lauro de Freitas, Brasil, 1992 - Foto Marcio LimaCon Obarayin, Opô Aganju, Lauro de Freitas, Brasil, 1992 - Foto Marcio LimaVerger, además de frecuentar el terreiro Afonjá, iba a otros muchos terreiros como a Casa Branca, así como a las casas de Joãozinho da Goméia, Joana de Ogun y Catita, donde tenía muchos amigos. Después de algunos años, Verger comenzó a ir al terreiro Aganju, fundado por el sacerdote y amigo Balbino Daniel de Paula con su ayuda. Desde este momento, y hasta el final de su vida, Verger se declara como un "francés racionalista sin sentimientos religiosos muy fuertes", a pesar de que, tal vez, no era tan escéptico. Sin embargo, la realidad es que, y debido a la vastedad de sus conocimientos, sumados a su vida monástica y a su temperamento misterioso, Verger se convirtió  en un personaje de referencia para personas de cualquier credo.